En Jalisco hay zonas de sacrificio ambiental y cultural por la expansión del agave
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En Jalisco hay zonas de sacrificio ambiental y cultural por la expansión del agave
Maximiano Bautista, académico del ITESO, ha documentado a través de imágenes satelitales que la producción acelerada del cultivo pasa por alto las vocaciones ambiental, cultural y económica del territorio.
Ximena Torres
La extensión del territorio jalisciense destinada al cultivo de agave aumentó 92 por ciento entre 2019 y 2025. Las hectáreas ocupadas para este fin pasaron de 69 mil 737 a 133 mil 954, de acuerdo con el Anuario Estadístico de la Producción Agrícola de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural del gobierno federal.
Académicos del ITESO, guiados por Maximiano Bautista Andalón, han observado que en ese periodo las plantaciones desplazaron otros cultivos y vegetación endémica, llegaron hasta nuevas regiones sin vocación productiva para el agave y traspasaron el área permitida para cultivar, establecida por la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (Semadet).
“Fue un proceso tan acelerado que hicimos dos cosas mal: preparar los terrenos quemando vegetación y metiendo maquinaria pesada, y sembrando donde no correspondía. Esas son características propias de cuando haces un trabajo sin planeación, aprisa, motivado por la ganancia inmediata”, explica Bautista, quien es académico de la Dirección de Información Académica (DIA) del ITESO.
Además de sus visitas a campo, todo eso lo observaron desde el cielo, gracias a las imágenes de la superficie terrestre recopiladas por el satélite Sentinel-2 de la misión Copernicus de la Unión Europea. Con esa información y como especialista en Sistemas de Información Geográfica (SIG), Bautista ha guiado el entrenamiento en Random Forest, un software de código abierto capaz de identificar la firma espectral del agave, lo que significa la capacidad particular de la planta para absorber y reflejar la energía del sol. A través de esas herramientas han desarrollado el Análisis geoespacial de la expansión del cultivo de agave en Jalisco mediante imágenes satelitales (2019–2025).
El trabajo se enmarca en el auge tequilero durante la pandemia de Covid-19, el cual elevó el precio del agave hasta los 32 pesos por kilogramo en 2022. Ante las promesas de fortuna, muchas personas expandieron sus parcelas, reemplazaron su producción de otros granos y empezaron a cultivar la planta. Lo hicieron respaldados por la certificación de Agave Responsable Ambiental (ARA) que la Semadet y el Consejo Regulador del Tequila (CRT) constituyeron en 2021.
El propósito de la certificación es evitar que el agave tome el suelo de las zonas forestales que existen desde antes de 2016. Aun así la política estableció que el área elegible para cultivarlo podía extenderse hasta 35 por ciento de todo el territorio de Jalisco (2 millones 756 mil hectáreas de las 7 millones 800 mil que constituyen el estado).
Sin llegar siquiera a 5 por ciento de ese total elegible, la tendencia agrícola entre 2020 y 2023 dio paso a la sobreproducción y el precio del agave cayó hasta venderse por 2.5 pesos por kilo en 2024.
La depreciación, junto con las condiciones climáticas adversas, la falta de mano de obra, de conocimiento para cuidar el campo y de recursos para trasladar la cosecha hasta las plantas tequileras, han provocado el abandono de los sembradíos en algunas regiones. Así lo ha confirmado Maximiano Bautista: “con el uso de las imágenes satelitales también hemos detectado que el ciclo de producción no se completa. El agave se está dejando sin cosechar porque ya no es negocio y lo están dejando a merced de las plagas e incluso de los incendios”.
Zonas de sacrificio
El especialista del ITESO señala que las pérdidas ambientales son tan preocupantes como las económicas. Los más afectados son los ecosistemas de selva seca, hábitat de muchas especies, incluyendo mamíferos como venados, conejos, linces y coyotes.
En dichas zonas los incendios suelen ser el paso previo al cambio de uso de suelo, una situación que puede observarse en los alrededores de la Laguna de Cajititlán, en Tlajomulco de Zúñiga: mientras que en 2016 algunas áreas de ese paisaje estaban dominadas por matorrales y árboles pequeños —característicos de la vegetación de Jalisco—, en 2021 hay evidencia visual de afectación por fuego en la zona. Más adelante, en 2025, cultivos de agave ocupan el mismo territorio.
La cercanía del agave con cuerpos de agua, como la Laguna de Cajititlán y el Lago de Chapala, es otra preocupación de Bautista. De hecho, la Región Ciénega de Jalisco destaca como un territorio con varios desplazamientos de cultivos. “Toda esa zona, que se dedicaba a granos básicos como maíz, trigo y sorgo para la industria alimenticia ganadera o para el consumo humano, cambió por agave”, explica.
El problema tiene varias dimensiones. En primer lugar, está el uso intensivo de agroquímicos como el glifosato, cuyo propósito es eliminar cualquier hierba que compita con la siembra y, al mismo tiempo, erradicar la presencia del escarabajo picudo, la plaga más destructiva del agave. Este insecto se distribuyó de la misma manera que la planta alrededor del estado debido a que se hospeda dentro de las piñas (o corazón) del agave y las hace perder su vigor, una característica que también es observable mediante las imágenes satelitales.
Además, el escurrimiento de pesticidas empeora las crisis sociohídricas en los cuerpos de agua mencionados. La disposición de los sembradíos favorece este problema, ya que los surcos se trazan de forma paralela a la pendiente del terreno para evitar la acumulación de agua, aunque eso termine por erosionar el suelo. Todo lo anterior funge como una amenaza para la supervivencia de insectos esenciales para los ecosistemas, como las abejas.
La suma de factores lleva al académico a asegurar que la producción de agave ha creado zonas de sacrificio, en las que también se pierden procesos culturales y agrícolas consolidados con el fin de imponer un cultivo que, hasta ahora, no ha garantizado continuidad.
En la Región Valles de Jalisco, que integra el paisaje agavero tradicional de los municipios de Tequila, Arenal y Amatitán, el problema no es el desplazamiento, sino la extensión desmesurada. El caso de la Barranca de Achio en Amatitán es representativo. Ahí, los académicos de ITESO han encontrado cultivos que sobrepasan el área de elegibilidad establecida por Semadet.
“Hemos caído en esta crisis por lo menos dos veces, la primera vez fue en el año 2000. Entonces también había una oferta tan grande de agave maduro que los productores no podían vender. Parece que es algo recurrente, después de una gran escasez viene una ola enorme de producción y otra vez satura el mercado", analiza el también especialista en gestión ambiental. En la búsqueda de mantenerse como líder de la producción agropecuaria, Jalisco olvida que “no solamente los recursos naturales tienen límite, sino también el mercado”, agrega.
Una herramienta para identificar la vocación
Si bien Bautista considera que señalar la crisis es relevante, apunta que la observación satelital es una herramienta para caracterizar mejor el territorio. De este modo, ayuda a monitorear que la industria no alcance las zonas de conservación prioritaria —como el Bosque La Primavera—, a identificar las tierras que necesitan descanso y a reconocer aquellas con verdadera capacidad productiva para el agave.
Con la información que ha recopilado e interpretado hasta ahora, el académico del ITESO piensa que la certificación ARA de Semadet debe revisarse a fondo para que las vocaciones ambiental, cultural y económica del suelo sean los verdaderos criterios de elegibilidad, y no solo la disponibilidad del terreno.
El análisis geosatelital sirve como insumo en el Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) Laboratorio de Análisis de Datos. Los estudiantes que han participado en este proyecto han colaborado en el entrenamiento del software que permite clasificar la huella espectral del agave. Simultáneamente han desarrollado una línea de trabajo de analítica de negocios, en la que los alumnos incorporan las variables de la investigación en su lectura del territorio. “Buscamos que estudiantes de diversas disciplinas, en particular de finanzas, negocios e ingenierías tengan criterios para el cuidado de la naturaleza, además de saber hacer negocios”, subraya el académico.
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